Innovar en tiempos complejos:

La pregunta sobre la creatividad como forma de entender una “acción que genera mundo” está hoy en cuestión con la profusión del término innovación. Crear no es ya sólo manifestar una idea, es posibilitar una experiencia mediante los sistemas que diseñamos (físicos, espaciales, conceptuales, comunicativos, identitarios…)

El propio concepto de creatividad, como hacer y quehacer humano, es una historia que evoluciona con las historias que los humanos entrelazan, casi como en el telar de las Moiras. Y en la actualidad los hilos que claramente definían los perfiles profesionales de los creativos en el siglo XX se muestran desplazados, distorsionados, forzados “al bies” para adaptarse a los tiempos complejos, a las incertidumbres de una sociedad líquida en proceso de ebullición y crisis.

El concepto de creativo heredero del artista decimonónico en pugna con las funcionalidades hijas de la industrialización se estabilizó en la especialización profesional que se ramificó a lo largo del siglo XX. El creativo advino así productor de creatividad social cada vez más apegado a su función de generación de valor, a su manejo de la obsolescencia planificada, del updating de identidades programadas en estaciones y temporadas, acceso a “modos de vida” estandarizados que empatronaron las existencias posibles hasta la atomización del desear y su consumo.

En dialéctico progreso las propias contradicciones del ser social hacen emerger conceptos críticos con esa forma de entender una acción desplazada, una deconstrucción de la sociedad del consumir enfrentada conceptualmente al consumo racionalizado e irracional. Sustentabilidad, accesibilidad, usabilidad, Human Centered Design, Significatividad emergen en nuestras profesiones mientras la globalización de los modos y explotación de los recursos (incluidas las especializaciones profesionales que sustentaban nuestro quehacer como creativos) desdibujan las metas y objetivos que alimentaron  la ambición de ser.

Innovar supone desplazar la creatividad a la visión de nuevos modos de ser sociales, al entendimiento de la optimización de los recursos disponibles, a la generación de una diferencia como valor de identidad, a la constitución de una nueva manera de ser humanos, ser productos humanos, ser sistemas humanos. El innovador no sólo crea, aporta su visión de un mundo nuevo, de unas nuevas interacciones, unas nuevas experiencias posibles, originales.

Coaccionados a la selección en un acelerado existir en crisis (como comenta Luhmann, coacción a la selección es complejidad), el creativo es generador de sentido en las sociedades impulsadas a la adaptación y el cambio permanente. La nueva función del creativo no es servir únicamente a la generación de valor, al manejo de la obsolescencia planificada, al updating de identidades programadas en estaciones y temporadas, al acceso a “modos de vida” estandarizados; el nuevo creativo tiene la visión del escenario de futuro, y las herramientas que le posibilitan proactivamente su realización.

Ya no se pregunta por el cómo responder a un briefing recibido, piensa ¿Cuál es el reto que debo superar? ¿Cómo puede funcionar? ¿Qué es lo que viene?

Si tú eres ese innovador con la visión del porvenir, ¿Cuál es el reto fundamental que tiene tu creatividad en esta sociedad compleja? ¿Cómo crees que tu disciplina será en ese escenario de futuro?

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